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Arte Sacro y Teatinidad: «Misión Teatina en el Cáucaso»

By Community Manager

Feb 17 2026

Actualidad

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En continuidad con su tradición espiritual, cultural y artística, la Orden de Clérigos Regulares Teatinos reafirma su compromiso con el arte sacro como medio privilegiado de contemplación, transmisión de la memoria y expresión de la fe. En este contexto se inscribe el ciclo pictórico que el Maestro Rodolfo Papa viene realizando en la Curia General, fruto de una relación de profunda colaboración y estima mutua que vincula al artista con la vida y la misión de la Orden.

Reconocido pintor, historiador del arte y académico, el Maestro Papa ha desarrollado en estas obras una reflexión visual que dialoga con la tradición figurativa clásica y con la identidad teatina. Su pintura se sitúa dentro de la gran corriente del arte sacro, donde la imagen trasciende lo meramente estético para convertirse en instrumento de formación espiritual, memoria histórica y contemplación teológica. Este vínculo entre la Orden y el artista representa una continuidad viva de la relación entre Iglesia y belleza, entendida como manifestación de la verdad.

Entre las obras más significativas del ciclo se encuentra el gran lienzo dedicado a la misión teatina en el Cáucaso en el siglo XVII. La pintura evoca un episodio poco conocido: en 1626 los Teatinos enviaron a sus primeros religiosos hacia aquella región, y apenas dos años más tarde los misioneros ya se encontraban en Gori, en Georgia, antigua tierra cristiana situada entre los imperios safávida y otomano. Entre ellos destacó el padre Cristoforo Castelli —misionero, médico y pintor— quien recorrió la región, fundó hospitales y dejó testimonios de extraordinario valor histórico. Junto a él actuaron también los padres Arcangelo Lamberti, Andrea Borromeo y Giovanni Avitabile.

La misión no buscaba convertir pueblos paganos, sino visitar y confortar a comunidades cuya fe cristiana era incluso más antigua que la propia tradición occidental. Este enfoque determina profundamente la interpretación pictórica de Papa, quien representa con audacia la especificidad espiritual de aquella empresa. Las figuras, reconocibles en su identidad religiosa, se insertan en un paisaje que evoca la geografía caucásica con horizontes ásperos e intensamente iluminados por una luz difusa casi sin sombra, subrayando tanto la historicidad del episodio como su dimensión simbólica.

El formato monumental de la obra responde a una elección consciente: remite a la gran pintura barroca de la Contrarreforma, en diálogo con la tradición artística romana en la que dejaron su huella Domenichino y Giovanni Lanfranco. A esta herencia se suma la energía plástica que recuerda la enseñanza figurativa de Gregorio Sciltian, cuya defensa de la forma frente al abstraccionismo dominante encuentra eco en la búsqueda expresiva de Papa. Sin embargo, la pintura no se limita a la continuidad estilística ni a la evocación histórica: propone una conciencia renovada del papel del arte en la fe contemporánea.

La experiencia estética que suscita la obra trasciende lo visual. La belleza, lejos de agotarse en la dimensión formal, ilumina al espectador y lo conduce hacia el símbolo central de la fe cristiana: el Árbol de la Vida, evocador de la tradición de los khachkars armenios, herido por el pecado y redimido en la Pasión y Muerte de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, proyectando hacia la esperanza de la Resurrección. Así, el testimonio de los misioneros teatinos se convierte en signo de heroísmo evangélico y en llamado a la contemplación.

La relevancia del trabajo del Maestro Papa ha sido reconocida también recientemente por la Iglesia universal al confiarle la realización del lienzo preparatorio del retrato de Papa León XIV, base para el mosaico oficial destinado a la serie histórica de los Sumos Pontífices. Este encargo subraya el prestigio internacional del artista y, al mismo tiempo, realza el valor del ciclo pictórico desarrollado en la Curia General teatina, situándolo en continuidad con la tradición viva del arte sacro eclesial.

De este modo, la colaboración entre la Orden y el Maestro Rodolfo Papa manifiesta cómo el arte continúa siendo hoy un espacio de encuentro entre historia, fe y belleza. El ciclo pictórico no solo enriquece el patrimonio cultural de la Curia General, sino que recuerda que el arte sacro —cuando nace de la verdad espiritual— sigue siendo capaz de custodiar la memoria, formar la conciencia y conducir el corazón hacia el misterio de Dios.

Photo: All rights reserved: www.rodolfopapa.it