San José María Tomasi, el liturgista (III, versión en español)

En las precedentes presentaciones hemos ofrecido a grandes rasgos dos rieles fundamentales por los que circula la participación activa, consciente y efectiva (SC, 14), de los fieles en la liturgia de la Iglesia. Dichos rieles viene conformados por la celebración eucarística y la liturgia de las horas, las cuales cada cristiano, y en modo particular cada uno de nosotros, consagrados y sacerdotes teatinos, debemos recorrer con fidelidad para obedecer, ante todo, al Maestro que nos mandó orar incansablemente. Desde este mandato, con nuestra profesión religiosa –que hemos emitido libre y voluntariamente (Cfr. Ritual de la Orden CC.RR.)– abrazamos el estilo de vida de Jesús, el cual eleva al Padre las oraciones y suplicas en favor de cada uno de nosotros y de nuestro pueblo.

Desde esta perspectiva y retomando el camino trazado por los siglos de la historia de la liturgia, retomado por Tomasi, podemos considerar que, entre otros elementos, además de estimular la reforma litúrgica, él favorece y entiende presentar las bases para una “espiritualidad litúrgica”, entendida como un itinerario de vida en el Espíritu que abarca y compromete al creyente en su existencia global, es decir, la “verdad” de la experiencia espiritual que la participación litúrgica genera cuando de modo integral nos involucramos con todo nuestro ser, alma y cuerpo, en aquello que celebramos –Eucaristía o Liturgia de las Horas– como él mismo invita a sus hermanas sor María Crucifixión y sor María Seráfica, a hacerlo con el memorial para dar gracias al Señor y con la celebración de las diversas horas para santificar tanto la jornada como el monasterio, la persona y la comunidad.

La espiritualidad litúrgica tiene que ser considerada –podríamos decir, como la concibe Tomasi y bien aplicable a la vida de hoy– como una actitud permanente o un estilo de vida cristiana basado en la asimilación y la identificación con Cristo, ya que en la acción ritual el misterio de Cristo se celebra, es decir que se presenta y se vive integralmente la obra de la redención que transfigura la realidad del sujeto con la gracia, enriqueciendo de esta manera una auténtica experiencia espiritual, ya que la liturgia ha ocupado un lugar importante a lo largo de la vida de la Iglesia, como el vértice al cual se tiende y, al mismo tiempo, la fuente de la que derivan todas las gracias (SC, 10).

Las características de la espiritualidad litúrgica que Tomasi quiere proponer, y que luego del Concilio Vaticano II toman cuerpo concreto son:

Espiritualidad bíblica

La espiritualidad litúrgica es eminentemente bíblica, es decir que la palabra de Dios en la liturgia deja de ser un “palabra escrita” fosilizada para adquirir cada vez más un papel de «anuncio-proclamación de un acontecimiento de salvación presente», es decir el acontecimiento que se lee en la Escritura es el mismo que se realiza en la liturgia. Por tal razón, el Leccionario de la Misa y la Liturgia de las Horas, además de ser los principales libros de meditación y de oraciones propuestos a la comunidad de los fieles, son anuncio constante de la salvación presente y operante en el misterio litúrgico.

Espiritualidad cristológica

La espiritualidad litúrgica tiene como centro fundamental Cristo, es decir que la liturgia capta todas las dimensiones de la historia de la salvación reunida y centrada en el misterio de Cristo que abarca desde la encarnación hasta su retorno glorioso. La liturgia, al expresar fielmente la visión del misterio de Cristo, que recapitula en sí toda la historia humana y cósmica, revela, anuncia y hace presente en el tiempo y en el espacio su fuerza salvadora.

La Espiritualidad Litúrgica –eucaristía y liturgia de las horas– es la escuela en la que se aprende el plan de salvación existente desde toda la eternidad en Dios y el modo de su realización, primero en Cristo y luego, por medio del Espíritu, en nosotros.

Espiritualidad eclesial y sacramental

La espiritualidad litúrgica implica que como asamblea reunida tomamos conciencia y nos realizamos como Iglesia que existe en un lugar determinado y que al mismo tiene el cometido del testimonio y la misión. La dimensión eclesiológica de la liturgia se hace evidente en la celebración de los sacramentos, cuyo sujeto es la Iglesia.

Los sacramentos de la Iglesia, que constituyen la liturgia, son medios de participación directa y eficaz en los actos redentores de Cristo. De ellos nace el impulso de asimilación e identificación con Cristo, con el fin de que los creyentes configuren sus vidas a él por medio de todo lo que van celebrando, con el fin de establecer un coloquio interior con él y gozar del misterio comunicado que conforta y sostiene el itinerario de fe.

Espiritualidad pascual

La espiritualidad litúrgica se fundamenta en el misterio pascual, ya que la liturgia tiende esencialmente a hacernos vivir la salvación-misterio pascual en cada uno de sus momentos y lo hace actualizando en nosotros el misterio pascual tomado en su momento culminante: muerte y resurrección de Cristo. Esta dimensión se actualiza tanto en la celebración de la eucaristía y en la liturgia de las horas, cuando en cada momento del día hacemos memoria de la pascua de Jesús. A su vez esta perspectiva pascual proyecta, nuestra vida hacia la perfecta consumación de la obra redentora, prolongando así la dimensión escatológica de la espiritualidad litúrgica.

Espiritualidad mistagógica

La espiritualidad litúrgica plantea principalmente, por medio de la liturgia, el momento adecuado para entrar en contacto con el misterio salvador de Dios, el misterio de Jesús, llamado a transformar nuestra vida. En este sentido, Tomasi está en la línea de los Padres de la Iglesia, que consideran la mistagogia como una enseñanza ordenada a hacer comprender lo que los sacramentos significan para la vida, que supone la iluminación de la fe que brota de los mismos sacramentos; lo que se aprende en la celebración ritual de los sacramentos y viviendo de acuerdo con lo que los sacramentos significan para la vida.

El misterio que celebramos en la liturgia es el don de la vida, oculto en Dios en los siglos, que él quiso manifestar y comunicar a los hombres en su Hijo, muerto y resucitado, con la efusión del Espíritu.

Conclusión

De este modo la vigencia del Tomasi es actual, ya que implica aun hoy una reforma litúrgica que no se quede en cuestiones de ritualidad que terminan vaciando el sentido del rito como educador de la fe de los creyentes, en la Iglesia de Dios, con toda la riqueza de la más noble tradición que ha sostenido a tantos creyentes con la convicción de que aquello que creen viene celebrado y lo vivido en la celebración se transforma en levadura nueva que hace fermentar el pan de la fe, que nos permite nutrirnos en el memorial que se actualiza en cada celebración y en su palabra que llena los corazones de esperanza.

La participación en los términos planteado por el santo liturgista se debe ver con la visión y convicción que siempre y en todas partes viene celebrado el misterio de la pascua de Cristo, que implica toda la globalidad del creyente, con la certeza de que la gracia que brota del misterio nos colma de dones y bendiciones, transformándonos desde lo más profundo. Con esto queremos afirmar que la participación no consiste en la suma de menesteres a llevarse a cabo dentro de la celebración, sino que como religiosos y sacerdotes comporta introducir y hacer que los creyentes gocen del misterio que celebran en la eucaristía, y también en la celebración de la liturgia de las horas, para que por medio de nuestra voz, tanto ellos como nosotros, podamos escuchar a Dios, que nos continua hablando en Cristo, para que el Santo Espíritu se derrame a todos los creyentes, a fin de configurarnos cada vez más a Cristo Señor.

Bibliografía

  • Auge, M., Liturgia. Ed. Centre de Pastoral Litúrgica, Barcelona 1995.
  • Tomasi, G. M., Lettere alle Sorelle (1675-1706), a cura di Domenico Sicari, Roma 2001.
  • ___________, Opera Omnia VII, «Vera norma di glorificar Iddio, e di far orazione – secondo la dottrina delle divine scritture e de’ santi padri», ex Typographia Palladis, Romae 1754. 233-281.
  • Vezzosi, A. F., ed., Ven. Viri Josephi Mariae Thomasii Opera Omnia, Tomus III, «In quo psalterium», ex Typographia Palladis, Roma 1759.

Juan Roberto Orqueida Guaglianone, C. R.

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