Para meditar en estos días… III Carta circular de nuestro prepósito general, Rvdmo. P. Salvador Rodea González, C. R.

Hace 491 años, nuestros cuatro hermanos fundadores iniciaron un cambio de paradigma, una figura de consagración que parecía absurda y que aquellos cuatro aventureros no dejaron caer sus ilusiones de reforma ante la burla o lo que decían los demás. Algunos, los que se creían perfectos y no dejaban el poder en la jerarquía (en su tiempo, Jesús lo denunció en su realidad; contra esto luchó san Cayetano también en su tiempo), los pocos sin duda; estos mismos pensaban que destruirían su modelo de consagración, ¡claro! les daba seguridad pero sin vivir la fraternidad, no eran testigos de la misión que Dios le había dado a su Hijo Jesucristo y era y es la misma misión a la que Jesús invita a sus ministros consagrados. San Cayetano y sus compañeros se arriesgaron, pues confiaban en el Espíritu del Señor y sabían escuchar la voz del verdadero Dios.

Parece que fue ayer cuando nuestros hermanos decidían vivir el modelo teatino en la Iglesia de Jesucristo y, ya han pasado muchos años, casi cinco siglos.

Hagamos que valgan la pena estos momentos de dificultad por los que pasamos en la Iglesia y en nuestra amada Orden. Es parecido el tiempo de san Cayetano a nuestro tiempo con la necesidad de reforma. Es hoy un tiempo de reforma, de renovación, pero debemos ir a las raíces del problema. Varias de nuestras provincias sufren por una u otra cosa. Preparemos un nuevo camino de esfuerzo, de fraternidad, de ayuda mutua: somos corresponsables. El sacerdote debe seguir a su Señor, debe buscar la santidad personal, la comunidad nos ayuda para que el camino sea más llevadero, y al mismo tiempo esa santidad se expresa, se manifiesta por medio del servicio a los hermanos y al pueblo santo de Dios.

Encontrar la santidad en el servir. Salgamos de nuestra zona de confort porque nos necesitamos. Trabajemos con alegría para que en nuestras comunidades verdaderamente nos sintamos en casa, con nuestros hermanos, no por aparentar, por cumplir un horario o porque la gente vea que hacemos oración. Es mejor que la alegría y la sencillez de nuestra consagración revelen al mundo lo que somos como familia teatina, compartiendo con nuestros hermanos laicos que, dicho sea de paso, son muy teatinos, y, donde se pueda, con nuestras hermanas teatinas, que siempre oran por nosotros. No lo dejemos para mañana, no dejemos a los que vienen detrás de nosotros el trabajo que nos toca a nosotros. Si no lo hacemos, probablemente no haya otros que vengan detrás. Seamos hermanos proclamando el reino de Dios y su justicia y confiando en la ayuda providente del Señor.

Prot. 03/15 –– Casa de San Pablo el Mayor, Nápoles, a 13 de septiembre del 2015.

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