Carta del obispo Juan Pedro Carafa a monseñor Juan Mateo Giberti, obispo de Verona (1 de enero de 1533)

Reverendissime in Christo Pater:

La humanísima carta de V.S. del 19 del pasado ha colmado nuestros corazones de la más dulce alegría. Por ella V.S. no sólo nos libra del temor de haber sido excesivamente inoportunos, sino que es tanta su grandeza de alma, y tan entrañable el amor que profesa a nuestra Compañía que, después de leer su carta, nos quedamos con la impresión de haber pedido poco.

Para responder en particular a lo que V.S. nos escribe, todos le agradecemos con el alma sentida humildad que quiera otorgarnos por bula las gracias que demandamos. Y aplaudiendo su propósito con todo nuestro corazón, rogamos fervorosamente a Dios que se digne disponer el ánimo de Nuestro Señor y el de sus ministros de forma que V.S. pueda lograr su expedición conforme a los votos de todos y según las necesidades de esta pobre Compañía. De acuerdo con sus indicaciones, y con vistas a la redacción del preámbulo del documento, le incluimos una copia del breve de fundación.

Se nos alcanza la importancia de la expedición de dicha bula en favor de esta Compañía, ya que no se ofrece cada día la ocasión de conseguirla en tan ventajosas condiciones. Sabemos bien que plugo a Dios congregar esta Compañía y darle vida en su santa Iglesia por manos de su Santidad, y que a la divina clemencia se debe la conservación de la vida del Sumo Pontífice, pese a los múltiples afanes de este pontificado, y el mantenimiento de esta Compañía, cuyo incremento es debido a su soberana bendición.

Por todas estas razones parece que Su Santidad podría moverse a bendecir esta humilde planta, obras de sus manos. Y viendo que, por la gracia de Dios, no sólo está aún verde, pero no estéril totalmente, sería razón que la cultivase y la regase con alguna gracia para que rindiese mayor fruto.

Mas, como quiera que estas razones, por las muchas ocupaciones que pesan sobre el Vicario de Cristo, puede que no contaran gran cosa, de no disponer de un medio idóneo que las hiciera valer, en esto estriba, a mi parecer, la más clara manifestación del favor divino hacia nosotros, en que se haya dignado, en su bondad, conservarnos a V.S. para que, como nos alcanzó del mismo Pontífice la primera gracia de la fundación, nos conceda ahora igualmente la estabilización de la misma con la aprobación definitiva y las demás gracias oportunas, en razón de que nosotros y los que después vendrán podamos en paz y quietud consagrarnos al servicio de Dios y rogarle por la salud así temporal como eterna de nuestros fundadores y amigos.

Lo primero, pues, que se desea es la aprobación definitiva de este instituto clerical, destacando que no se trata de fundar nueva Religión –monástica o mendicante–, como en verdad no queremos ni podemos. Y aunque pudiésemos no quisiéramos, pues lo que pretendemos es esto: no ser otra cosa que clérigos que llevan vida clerical “in communi et de communi” según los sagrados cánones.

En segundo lugar desearíamos que la aprobación de que se trata se concediese en condiciones que nosotros y nuestros sucesores no sólo tengamos conciencia de la aprobación pontificia, sino que podamos exhibirla contra la insolencia de algunos frailes que andan propalando por ahí que no hay más religiones aprobadas que las que profesan una de las cuatro reglas. Lo cual no puede ser más falso, ya que están ahí los cartujos, para no citar otro ejemplo, que viven fuera de aquellas reglas y, con todo, están aprobados per apostolicam sedem. Ello serviría además para salir al paso al escrúpulo sobre si el que está obligado ex voto ad ingressum religionis saltem in genere cumple con venir aquí, lo cual quedaría en claro siendo religión aprobada. Convendría, pues, declararlo en la bula, para evitar tales escrúpulos, ya que siendo cosa por demás aprobada el estado clerical, y teniendo, con la aprobación de los tres votos, todo lo esencial de cualquier religión, no entiendo a qué instituto se pueda mejor que a este otorgar la aprobación y los privilegios que se piden. No hablo de las personas; me refiero sólo a la obra, que es verdaderamente bella y cristiana, siendo yo por cierto indignísimo de contarme entre sus miembros. Por esto rogamos a V.S. se ponga a este punto especial atención.

Como quiera que ya se piensa en fundar en otros lugares, por haber aumentado la obra en número de religiosos, deseamos salir al paso a determinados escrúpulos a que podrían dar lugar algunos puntos del primer Breve y alguna expresión de los cánones, por ejemplo en lo que se refiere al Prepósito de la Congregación eligendo pro singulis annis y confirmable sólo per triennium. Teniendo en cuenta la escasez que hay de personal apto, sería bien que el Prepósito pudiera ser reelegido si expediret ad aliud triennium para distinto lugar, de forma que la expresión «no confirmable ultra triennium» se entienda in eoden loco.

Por lo mismo que pueden darse personas escrupulosas que «nimis iudaice inhaerent litterae», y molestan con cien minucias de poco o ningún momento, exempli gratia con el canon de vita et honestate clericorum, de vestimentis, clausis desuper, etc.., y yo veo a sacerdotes muy dignos, en esta tierra y en otras, que usan vestidos con mangas y cuello, con sus capuchas a la espalda, todo conveniente y discreto, lo cual me parece vestidos de clérigos fervorosos y honestos, más tal vez que aquel otro de mangas enormes y manteo extravagante, desearíamos que la bula contuviese una declaración como esta: tam circa vestimenta quam circa alias ceremonias, vel in officiis ecclesiasticis, vel in reliquo vitae cultu sevando, possemus convenire cum moribus et laudabilibus consuetudinibus bonorum clericorum eius civitatis vel patriae in qua nos versari pro tempore contigerit sin añadir dummodo cacris canonibus non sint contraria porque en seguida me salían con el clausa desuper, etc. … y me encuentro más perplejo y desorientado que antes.

Similiter in nominibus diversorum officiorum, que pueda usarse la terminología consagrada por la costumbre, et in hoc etiam sequi consuetidunem patriae et qualitatem ecclesiarum vel locorum… Mas, para conservar la uniformidad en la Compañía… y evitar que, con el tiempo, por la diversidad de lugares… viniese aquella a faltar, sería bien que, no sólo en los lugares distintos, sino in eodem loco pro numero personarum et necessitatis vel utilitatis exigentia vel decentia, sub Praeposito possemus constituere Archipresbyterum, qui sub eodem Praeposito in spiritualibus curam generet animarum et divinorum officiorum; et simiter in administranda cura temporalium aliquem ex fratribus nostris Archidiaconum nuncupatum ut in omnibus nosstrum clericale institutum et consuetudinem sequeremur. No porque, en nuestra humildad, se nos dé a nosotros nada de nombres altisonantes ni de bagatelas de esta clase, sino para evitar que, al mejor día, a cualquier cerebro heteróclito le dé por decir Padre Coloso o Padre Cicator, u otras lindezas por el estilo, antes se atengan siempre a lo que está en uso entre sacerdotes, a lo que se acostumbra en la Iglesia, y está de acuerdo con los sagrados cánones.

Y porque la experiencia enseña que no todos los que son aptos para servir al Señor bajo el yugo de la santa obediencia lo son igualmente para gobernar a los demás, en virtud de las facultades recibidas de la Santa Sede, hemos acordado y establecido que, de los hermanos que ahora somos, y de los que serán pro tempore en esta Compañía, sólo tengan voz en el Capítulo los que sean ad hoc capitulariter et specialiter elegidos y llamados. Coeteri vero quamtumlibet sint professi vel in sacris, etiam in sacerdotio constituti, non intelligantur habere vocem in Capitulo nisi ad id per Capitulum specialiter assumantur. Lo cual se hace porque entre las personas que se ven venir con gran fervor a raíz de su conversión… puede haberlas, aún in sacris, dotadas de profunda humildad y de gran espíritu y provecho en los caminos de Dios, y sin embargo no se les aprecia la prudencia, la experiencia y el talento que para gobernar hacen falta… cosa por demás necesaria para mantener la paz entre una y otra parte, esto es, entre los que gobiernan y los que son gobernados…

Mucho más puede ayudarnos la diligencia y el amor que V.S. nos profesa, lo mismo que su autoridad ante el que ha de otorgar estas gracias y el que ha de redactarlas y expedirlas. Por lo cual, sin añadir más, le recomendamos humildemente tanto las cosas aquí dichas como las que llevamos escritas en nuestra carta anterior, nuestras vidas y nuestras almas, y, en fin, toda la esperanza de esta Compañía de humildes y devotos hijos vuestros, en la seguridad de que V.S., con la generosidad que nos muestra, no se conformará con las indicaciones que, en nuestra sencillez, le hemos hecho, sino que, en su alto saber y en la forma que estimará conveniente, hará cuanto juzgue oportuno a la definitiva constitución de un instituto de las condiciones del nuestro.

En los párrafos subsiguientes se pide que sea encomendado el contenido de un «brevito sobre la bendición de la mesa» en el sentido de abreviarla, porque «mientras dura ésta –se dice– se podría recitar la Prima de los domingos…» y se cumpla con sólo rezar el salmo Laudate Dominum omnes gentes. Termina solicitando diversas gracias personales, como dispensa de ayunar y de rezar el Oficio divino a causa de su enfermedad, y autorización para servirse de la potestad episcopal en favor de sus hermanos.

Cierra la extensa epístola esta curiosa alusión al futuro cardenal inglés Reginaldo Pole: Agradezco a V.S. los buenos informes que particularmente me proporciona relativos a la persona de este aristócrata inglés. Lo tendré en cuenta para mi gobierno. Con ellos tengo bastante. Con los hombres, en general, no puede andarse más allá de lo que ellos se dejan. Y en cuanto a éste, todo juicio es prematuro, ya que él es precisamente de los que no se dejan comprender. Me parece dominado de la pasión por las letras, de las buenas letras, se entiende, et addo etiam de las letras sagradas. A lo que se ve, es de bellas y modestas costumbres. Muestra gran inclinación a nosotros y está deseoso de establecer su casa junto a la nuestra para tener más oportunidad de tratarnos. Cristo haga, en su clemencia, que este trato sea más útil de lo que puede dar de sí nuestra pequeñez. Ayer le vi y le saludé con todo afecto de parte de V.S. con la sinceridad que me impone el amor que V.S. le profesa. Él me ha encargado le retransmita sus saludos respetuosos.

Venecia, 1 de enero de 1533.
Tuus in Christo servus obsequens,
IO. PETRUS,
Episcopus Theatinus