Editorial n.º 18 (2016)

A veces tener a mano el Calendario Litúrgico tiene sus ventajas. Nos recuerda ciertas efemérides que de otro modo pasarían inadvertidas. Experiencia sencilla y cotidiana de evocar tantas figuras que han jalonado con su esfuerzo, su entrega y amor, la historia de la Iglesia y de la sociedad civil.

Así es como pudimos descubrir que el 22 de enero en la diócesis de Roma tiene lugar la memoria obligatoria de san Vincenzo Pallotti, muerto precisamente el 22 de enero de 1850. Hasta aquí sólo un nombre, quizás un destello de luz que llega a nuestra mente y nos permite pensar en el fundador de la Sociedad del Apostolado Católico, cuyos miembros son conocidos como «Palotinos».

Lo cierto es que, providencialmente, esta celebración tiene lugar cuando la Iglesia está abocada a conmemorar la Semana de oración por la Unidad de los Cristianos. Y entonces, sí, la figura de san Vincenzo Pallotti nos remite a 1841, cuando fue acogido en nuestra basílica de Sant’Andrea della Valle, a instancias del padre Gioacchino Ventura di Raulica, C.R., para desarrollar en este egregio templo el entonces llamado Octavario de la Epifanía, que tenía un espíritu ecuménico, similar al de la actual Semana por la Unidad.

El Octavario era una práctica que ya Pallotti había comenzado a desarrollar en 1836, cuyo objeto claramente era la propagación de la fe. Pallotti se había sentido motivado a diseñar este espacio litúrgico y pastoral al tener contacto en el Colegio Urbano –del cual era director espiritual– con la diversidad de lenguas y de culturas que poblaban el ambiente de dicho colegio. La idea portante que nace en el corazón del santo romano se orienta a conseguir la unidad de la Iglesia y de todos los hombres a la luz de la fe en Cristo, nuestro Señor.

En esta perspectiva podemos vislumbrar que Ventura y Pallotti fueron tejiendo una fina amistad, estructurada por el amor a la Iglesia y la vocación de servirla en la verdad, buscando su unidad.

Dos testigos de un tiempo de inestabilidad, ansias revolucionarias y romanticismo exaltado. Dos testigos que nos invitan a mirar hacia delante, confiando en la Divina Providencia y afirmando con entereza la fe profesada. Aferrémonos a ese testimonio, para hacerlo nuestro e izarlo sobre el cielo azul de la Iglesia de nuestros días.

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