Editorial n.º 16 (2016)

Los tiempos van dando sus tumbos, y siempre se suceden cambios en la vida de los hombres y de las instituciones. Nos adentramos en este año 2016, que traerá consigo el recuerdo de los 500 años de la ordenación sacerdotal de Cayetano de Thiene. Una bella motivación para profundizar en nuestro modo de vivir el sacerdocio. Una ocasión propicia para volver a saborear, con la frescura del inicio, nuestro ministerio. ¿Qué queda hoy de lo que estuvo en aquel comienzo donde todo era ilusión? Con temor y temblor, Cayetano libera la pasión que lo enciende, cada vez que habla de su ministerio. No se cree un sacerdote superado, más bien, son recurrentes las afirmaciones del tipo «mísero sacerdote», o bien, «lodo y gusano». Podemos recorrer distintas páginas de sus cartas a sor Laura Mignani y encontrarnos con estos calificativos.

También, al pasar el tiempo, nuestro perfil como orden religiosa fue tomando una fisonomía particular. De aquellos capítulos que año a año se reunían a las distintas casas, a través de la voz de los vocales, y que ordenaban la vida de la congregación como única instancia suprema de conducción, se fue pasando a una mayor centralización del gobierno de los Clérigos Regulares Teatinos. De esta manera, el papa Sixto V, cuyo magisterio ha mostrado la preocupación que tenía por la disciplina de los regulares, después de haberse interiorizado de la vida teatina y sus pormenores, para animar la comunión y mantener la cohesión institucional, instituyó la figura del «Padre General».

Así, Sixto V en el breve Etsi exploratum, del 8 de abril de 1588, invitaba a elegir, en virtud de la santa obediencia que se le debía, dentro del marco del capítulo general que se estaba celebrando en San Siro de Génova, un Prepósito General, que ejercería vitaliciamente su oficio. El mismo Papa proponía al capítulo una terna, a fin de que eligiera uno. Desde este lejano 1588 muchos caminos hemos recorrido y muchas experiencias se han acumulado. Tal vez, meditando sobre el sacerdocio de san Cayetano, podamos reflexionar sobre la dinámica que orienta nuestra vida institucional y recordar dónde están sus fundamentos. De este modo haremos realidad la premisa evangélica de que «todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es como el dueño de casa que sabe sacar de su arcón lo nuevo y lo viejo» (Mt 13, 52Mt 13, 52
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52 Entonces Jesús añadió: –Cuando un maestro de la ley está instruido acerca del reino de los cielos, se parece a un padre de familia que de lo que tiene guardado saca cosas nuevas y cosas viejas.w

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