Día de Acción de Gracias en los Estados Unidos (2015)

A través de la pluma del novicio teatino Martin Okwudiba, de la provincia «Our Lady of Purity» nos llega un sentido relato de cómo celebraron los teatinos de San Luis (CO, USA) la tradicional fiesta del «Día de Acción de Gracias» (Thanksgiving Day).

Claro está, el hermano Martin nos introduce en el universo de esta celebración, narrando el origen que la misma ha tenido en los Estados Unidos. Así, nos internamos en el mundo de aquellos «peregrinos» que dejaban atrás la Inglaterra natal, donde la fe que profesaban se encontraba con algunas dificultades para ser externalizada públicamente.

De esta manera, el Día de Acción de Gracias de aquellos pioneros se remonta a diciembre de 1621, cuando los agradecidos pilgrims celebraron tres días de fiesta en alabanza a Dios porque les había concedido el alimento oportuno, ya que apenas desembarcados un año antes, sin la preparación adecuada, habían visto como el hambre, la sed y el frío habían abatido a casi la mitad de los que habían bajado del barco Mayflower. Los que se salvaron de morir por inanición lo lograron porque fueron socorridos por los indios de la zona, con quienes celebraron en 1621 la fiesta a la que aludimos.

El Congreso de los Estados Unidos estableció en 1941 que en forma estable recurriese la fiesta de Thanksgiving Day el cuarto viernes del mes de noviembre, tal como lo hiciera a partir de 1933 el presidente Franklin D. Roosevelt, y teniendo el rango de un feriado nacional.

Por su parte los teatinos, capitaneados por su prepósito provincial, reverendo padre Heriberto Torres Velázquez, C. R., a quien secundaban el padre Francisco Javier Díaz Moreno, C. R., y los novicios teatinos que estos dos padres acompañan, llevaron a cabo una digna celebración en la parroquia Sangre de Cristo, de San Luis.

En esta ocasión, la homilía de la misa estuvo a cargo del padre Francisco Javier, quien sostuvo que «somos un pueblo de acción de gracias». El mismo padre llamó a reflexionar sobre la abundancia de bendiciones que se reciben gratuitamente de parte de Dios y las cosas que su providencia nos dona, por las que tenemos que estar siempre agradecidos. En este sentido, también la acción de gracias tiene que extenderse al amor que unos a otros nos damos.

Después de la misa, los festejos siguieron en el salón parroquial, organizando, más tarde, una excursión a las montañas circundantes y juegos, con algún film cerrando la jornada. De este modo, se trató de celebrar todo el día con el espíritu propio de uno de los feriados más antiguos de América del Norte.

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