3 de noviembre: Recordamos al P. Antonio Sagrera, C. R.

Felanitx es el nombre de una población que hoy supera los 16.500 habitantes. Se halla en el sudeste de la isla de Mallorca, la más grande de las Baleares, archipiélago privilegiado del Mediterráneo español, donde la naturaleza se ha prodigado generosa en paisajes admirables. Lo prueba su atracción sobre el turismo internacional.

Allí nació el padre Sagrera a la medianoche del 31 de octubre de 1904. Le bautizaron el día siguiente, solemnidad de todos los santos, día de gloria para Dios y de estímulo para los cristianos a imitar las virtudes de tantos modelos. Su padre fue don Mateo Sagrera Tugores que, como la mayor parte de los hombres de su tierra, era labrador. Su madre se llamaba María Gayà Andreu y era ama de casa. Se habían casado en 1896, a los 28 y 25 años respectivamente, en el mismo templo parroquial de San Miguel donde fue bautizado el recién nacido Antonio, igual que todos sus hijos.

J. CASSÀ I VALLÉS, El P. Antonio Sagrera (1904-1992). Un itinerario de madurez humana y cristiana (La Plata 2009) 3.

De este modo, con una entrañable connotación admirativa, el padre Jordi Cassà i Vallés, C. R., nos presentaba al padre Antonio Sagrera Gayà, en un texto que resume la biografía de este venerable padre, del cual la fama de santidad se ha esparcido por distintos ángulos de la geografía teatina. El proceso canónico orientado a declarar sus virtudes heroicas se está llevando a cabo en la arquidiócesis de La Plata (Argentina), donde el padre Sagrera exhaló su último suspiro el 3 de noviembre de 1992. El R. P. Juan Carlos Di Camillo, C. R., con algunos colaboradores de tiempo completo, se está encargando de producir la documentación necesaria para llevar adelante dicho proceso.

¿Qué decir –a la luz de esa primera descripción que hace el P. Jordi– acerca del P. Sagrera? Que fue un hombre sencillo, que vio la luz en el seno de un pueblo laborioso y emprendedor. Un sacerdote enamorado de Cristo, siempre dispuesto a obedecer lo que el Espíritu le susurraba al oído, tal como lo había aprendido en el hogar paterno. Ciertamente que a su figura se asocian diversas vicisitudes históricas, que tienen que ver con el desarrollo de nuestra Orden durante el siglo XX. También su nombre viene vinculado a experiencias espirituales profundas. Se lo recuerda como exorcista en la arquidiócesis de La Plata y este recuerdo señala toda una comprensión de su persona, además del testimonio que se añade, respecto de su austeridad y rigor de vida.

Quiera el Buen Dios guiarnos por los caminos de la santidad teatina, para que día a día renovemos nuestro compromiso de hacer «vida clerical in communi et de communi, según los sagrados cánones», como escribía Juan Pedro Carafa a Juan Mateo Giberti, el 1 de enero de 1533.

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